La poliomielitis también se conoce como polio y es una enfermedad que se transmite por el virus poliovirus.

Se trata de una enfermedad que necesita de un rápido diagnóstico, y en un 0.5 o 1% de los casos la poliomielitis provoca parálisis del sistema nervioso.

Esta parálisis puede extenderse en distintos grados a lo largo del cuerpo y causa tanto atrofia muscular como debilidad de la misma.

También es importante señalar que en la elevada cifra del 95% la poliomielitis no presenta ningún síntoma, es decir, es asintomática, por lo que resulta muy difícil de identificar y se puede transmitir de forma muy rápida a través de la población.

Poliomielitis

La poliomielitis afecta de forma mayoritaria a los niños menores de 5 años y no tienen ningún tratamiento efectivo en este momento.

No obstante existe una vacuna para prevenir la enfermedad y desde la campaña de vacunación contra la poliomielitis llevada a cabo por la Organización Mundial de la Salud en 1988, la polio se ha conseguido erradicar de casi todos los rincones del planeta disminuyendo el número de casos en un 99%.

Causas de la poliomielitis

Como hemos comentado anteriormente, la causa de la poliomielitis es un virus llamado poliovirus. Dicho virus vive en la saliva de los seres humanos, así como en las mucosidades y las heces de todas las personas infectadas con dicho virus.

Además, el virus puede resistir en otros medios como pueden ser pañuelos o las propias manos de los infectados durante varios minutos. Cuando una persona sana entra en contacto con el poliovirus, éste entra en la boca de la persona y se aloja en el tubo digestivo. Por esta razón, en algunas ocasiones pueden aparecer vómitos o diarrea como síntomas de la poliomielitis.

Una vez en el tubo digestivo, el virus empieza a multiplicarse en las células a las que va infectando poco a poco.

Poliomielitis, causas

Las causas por las que se puede contraer poliomielitis con el contacto directo con una persona infectada, con mucosidades o flemas de una persona infectada, ya sea directamente o a través de un pañuelo o el contacto con las heces de una persona infectada. Estas son las formas más comunes en las que el poliovirus se propaga entre las personas.

Las personas que presentan síntomas tardan una media de 7 a 14 días en presentarlos, aunque pueden darse entre los 5 y los 35 días desde el contacto.

Se aumenta la probabilidad de infectarse de poliomielitis si no nos hemos vacunado contra la misma o si se viaja a una zona en la que existan precedentes de casos de polio.

La poliomielitis o polio es una enfermedad que se transmite por el virus de la polio o poliovirus y se clasificó como enfermedad infecciosa en el siglo XX, desarrollándose la primera vacuna para la poliomielitis por Jonas Salk.

Esta enfermedad, puede causar parálisis en el paciente, siendo más o menos extensa en un 0.5-1% de los casos. Por el contrario, el 95% de los casos son asintomáticos, es decir, no presentan síntomas.

Síntomas de la poliomielitis

La poliomielitis tiene 4 formas de desarrollarse en los pacientes, siendo éstas la infección subclínica, la polio asintomática, la infección que no provoca parálisis o no paralítica y la infección paralítica. Vamos a comentar algunos de los síntomas de la infección subclínica, que es la que afecta al 95% de las personas.

Los síntomas de este tipo de poliomielitis son los siguientes:

  • Malestar generalizado: el paciente se siente con molestias continuas y malestar.
  • Al malestar se une el dolor de cabeza.
  • Molestias en la garganta y enrojecimiento de la misma.
  • Fiebre (no muy alta).
  • También pueden aparecer complicaciones intestinales y vómitos o gastroenteritis.

Diagnóstico de la poliomielitis

Como hemos comentado anteriormente, las personas que padecen la polio subclínica no presentan síntomas, por lo que los síntomas comentados anteriormente pueden pasar desapercibidos o pueden confundirse con síntomas de otras enfermedades.

Los síntomas de la poliomielitis asintomática pasan (evidentemente) inadvertidos. En realidad, los síntomas, que son parecidos a los anteriores, pueden aparecer, pero ser tan leves que la persona afectada ni los note.

La poliomielitis no paralítica afecta aproximadamente al 5% de los afectados y se da cuando el virus de la polio llega a afectar al sistema central. Los primeros síntomas de la poliomielitis no paralítica son una fiebre muy alta de hasta 39º y fuertes dolores de cabeza. Después de estos síntomas, aparecerá una rigidez en la nuca importante acompañada de taquicardia, sudores fríos, vómitos o diarreas.

La poliomielitis paralítica afecta de forma permanente al sistema nervioso central, aunque es muy rara. El virus de la polio afecta en este caso a las neuronas motoras, afectando de forma más común a aquellas que son las encargadas del movimiento de las piernas. De esta forma, los músculos afectados se atrofian y van perdiendo su utilidad impidiendo en este caso que se vuelva a caminar.

El diagnóstico de la poliomielitis

Como hemos podido ver, los síntomas de la poliomielitis son poco específicos de la enfermedad, por lo que en un principio es difícil identificar la enfermedad. Pero si se coge la enfermedad con sintomatología propia de la misma y a ese hecho se une el no haberse vacunado contra la poliomielitis, el médico puede diagnosticar poliomielitis.

Si por el contrario, sí que se está vacunado contra la poliomielitis, la posibilidad de padecer esta enfermedad es nula.

Poliomielitis, diagnostico

Dado que se trata de una enfermedad que afecta a niños mayormente, para realizar un correcto diagnóstico, el médico podrá preguntar a los padres sobre el calendario de vacunas del niño o niña.

También puede comprobar si existe rigidez de nuca, que es uno de los síntomas más esclarecedores y propios de la poliomielitis. El análisis de sangre no es del todo aclaratorio, por lo que, si bien puede mostrar alteraciones de inflamación y de infección.

Si se sospecha de que es poliomielitis, el médico, puede hacer una punción lumbar. Se trata de una prueba mediante la cual se extrae líquido cefalorraquídeo.

Mediante esta prueba se puede confirmar que la infección está causada por un virus, aunque no precisa que se trate del virus de la poliomielitis específicamente.

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