La espondilitis anquilosante es un tipo de artritis que afecta principalmente a la espina dorsal. Anquilosante quiere decir “rígido” y espondilitis significa que la espina (espondil) está inflamada (-itis).

La espondilitis anquilosante es una enfermedad en la que las articulaciones y ligamentos que permiten a la espina dorsal realizar los movimientos que normalmente realiza se inflaman.

De esta forma, cuando los ligamentos y articulaciones se inflaman se dificulta el movimiento al mismo tiempo que aparece el dolor y la rigidez en la espalda. Hay que decir que en la mayoría de los casos dicho dolor y rigidez aparece en la zona baja de la espalda. Según la enfermedad va avanzando y el tiempo va pasando, la espondilitis anquilosante progresa y afecta a la parte superior de la espalda, al pecho y puede llegar al cuello.

Así, las articulaciones de la espalda (las vértebras) pueden llegar a fusionarse, causando la rigidez de la que hablábamos y perdiendo su flexibilidad natural. Debido al desarrollo de la espondilitis anquilosante también puede verse afectadas otras articulaciones tales como los hombros, las rodillas o los tobillos, apareciendo el dolor en ellas también.

La espondilitis anquilosante y sus síntomas suelen ser más comunes en hombres de entre 16 y 30 años que en el resto de la población. Es una enfermedad que se desarrolla en menor medida en las mujeres y es más difícil al mismo tiempo de diagnosticar en éstas, ya que los síntomas que presentan son menos fuertes que en los hombres.

Un porcentaje de un 5% de los pacientes de espondilitis anquilosante desarrollan su enfermedad en la infancia, y también es más común que suceda en niños que en niñas, presentándose en primer lugar los síntomas de la EA en las rodillas, dedo gordo del pie o en la cadera para después afectar a la espina dorsal conforme se crece. Por ello, es muy importante acudir a un especialista que pueda reconocer los síntomas de forma correcta y diagnostique correctamente la enfermedad para aplicar un tratamiento lo más rápidamente posible ya que de esta forma se aumentarán las probabilidades de que sea un tratamiento exitoso.

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La espondilitis anquilosante puede ser crónica

La enfermedad de la espondilitis anquilosante es un tipo de artritis (como ya hemos comentado) que puede volverse crónica, es decir, que puede perdurar en el tiempo y durar más de 6 meses. Es muy importante que ante los primeros síntomas de espondilitis anquilosante o artritis se acuda al médico, ya que la severidad de la enfermedad así como los síntomas que ésta pueda provocar en cada paciente dependerán mucho de uno a otro, así como el grado de incapacidad que la espondilitis anquilosante provoque.

Realizar un diagnóstico a tiempo es importantísimo para poder controlar la enfermedad y evitar (en aquellos casos en los que sea posible) que se convierta en una espondilitis anquilosante crónica. También se podrá evitar que la EA (espondilitis anquilosante) provoque dolor continuado y rigidez en el paciente.

Como ya hemos comentado en otro artículo, la espondilitis anquilosante es un tipo de artritis que afecta a la espina dorsal aunque también puede manifestarse en otras articulaciones, siendo más común en hombres que en mujeres.

Causas de la espondilitis anquilosante

Desgraciadamente, las causas de la espondilitis anquilosante son desconocidas, aunque la genética tiene un papel importante en el desarrollo de esta enfermedad.

Diversos estudios científicos han comprobado que un gen conocido como HLA-B27 está presente en más del 90% de las personas que padecen espondilitis anquilosante. Este gen en concreto pertenece a la familia de los genes que intervienen en el sistema inmunológico, que es el encargado de defender al cuerpo de posibles infecciones. Aunque el tener el gen HLA-B27 no significa que se vaya a padecer espondilitis anquilosante, ya que aunque se tenga dicho gen, si no se tiene ningún familiar con la enfermedad la probabilidad de padecer espondilitis anquilosante es de un 2%, mientras que si un padre o hermano padece la enfermedad la probabilidad aumenta hasta el 20%.

Por lo tanto, es evidente que otros factores además de la presencia del gen HLA-B27 son muy importantes en el desarrollo de esta enfermedad.

Otros estudios apuntan a que algunas bacterias podrían tener algo que ver en el desarrollo de la espondilitis anquilosante, aunque todavía no se ha concluido nada al respecto.

Los síntomas de la espondilitis anquilosante

El primer síntoma que suele dar la espondilitis anquilosante es la inflamación alrededor de la coyuntura sacroiliaca, que es la zona donde la columna vertebral se una con la pelvis.

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La espondilitis anquilosante también tiene otros síntomas como son el dolor crónico en la espalda baja además de la rigidez de la misma que también puede hacerse extensiva a la zona de las caderas. Estos dolores y malestar se va desarrollando poco a poco conforme pasan las semanas y los meses. El síntoma del dolor de espalda que causa la espondilitis anquilosante es distinto a otros, ya que éste es más intenso cuando el paciente esta descansando o inactivo. Normalmente, este tipo de síntomas se ven aminorados conforme el paciente empieza a moverse y a hacer ejercicio tras una rigidez matutina importante.

Con el paso del tiempo, los síntomas de rigidez y dolor que se sentían en la parte inferior de la columna pueden progresar hacia arriba y afectar a las cavidades de las costillas, al pecho o incluso al cuello. Otro síntoma de que la espondilitis anquilosante está en un estado serio es el hecho de que las vértebras puedan crecer fusionadas, perdiéndose de esta forma la flexibilidad normal del cuello o de la espalda, aumentando así la rigidez de la zona.

Si la cavidad torácica se ve afectada, también puede verse afectada la capacidad de respirar normalmente, ya que el pecho no podrá expandirse de forma normal. La inflamación y dolor causados por la espondilitis anquilosante también puede apreciarse en tobillos, caderas u hombros, dificultando también el movimiento en esta zona.

La espondilitis anquilosante puede afectar a otros órganos del cuerpo en algunos casos determinados y puede también provocar falta de apetito, cansancio o inflamación en los ojos, que se conoce como iritis. Si este es tu caso, has de saber que es importantísimo visitar a un médico oftalmólogo lo más rápidamente posible.

La espondilitis anquilosante es una enfermedad que afecta a las articulaciones de la espalda, de la columna vertebral. Más concretamente, se trata de una especie de artritis.

Esta enfermedad de la columna vertebral provoca inflamación en la zona y dolor, siendo una de las zonas más comunes dónde afecta la espondilitis anquilosante las articulaciones que unen la base de la columna con la pelvis, es decir, las articulaciones sacroilíacas.

Es importante mencionar que en algunos casos la espondilitis anquilosante puede afectar a otras articulaciones del cuerpo como los hombros o las rodillas por ejemplo y en más raras ocasiones puede afectar a los ligamentos de las articulaciones e incluso a otros órganos como los pulmones o el corazón.

Los primeros síntomas de la espondilitis anquilosante suelen ser un simple dolor de espalda lumbar que aparece y desaparece con el tiempo. Por ello, normalmente no se le suele dar la importancia que merece y no se acude a ningún especialista. Es importante saber que cualquier pequeño dolor o molestia en la espalda es motivo suficiente para acudir a un médico o fisioterapeuta, ya que de no hacerlo estamos incurriendo en riesgos muy grandes para nuestra salud.

Los siguientes síntomas de la espondilitis anquilosante suelen aumentar conforme la enfermedad avanza:

  • Dolor en la zona y rigidez. Estos síntomas de la espondilitis anquilosante son peores en los momentos de mayor inactividad, como son las noches, por la mañana recién levantados o en momentos en los que no se hace nada.
  • El dolor provocado por la espondilitis anquilosante suele mejorar cuando se practica deporte de bajo impacto.
  • Normalmente, los primeros síntomas de dolor causados por la espondilitis anquilosante suelen notarse en la zona de unión entre el sacro y la pelvis. Posteriormente y conforme la enfermedad vaya avanzando poco a poco, el dolor puede extenderse al resto de la columna vertebral.
  • La flexibilidad de la columna vertebral desaparece conforme la espondilitis anquilosante va avanzando. Cuando la enfermedad está ya desarrollada por completo, puede inducir a que la persona se incline hacia delante.

Otros síntomas de la espondilitis anquilosante

Como hemos comentado anteriormente, aunque la parte más afectada por esta enfermedad normalmente es la columna vertebral, otras partes del cuerpo también se ven afectadas. Las articulaciones de las costillas, o las que las unen con el esternón también pueden verse afectadas por la espondilitis anquilosante.

El dolor e hinchazón de otras articulaciones como las rodillas, tobillos u hombro pueden aparecer en algunos casos raros. En casos más extraños aún, los pacientes de espondilitis anquilosante presentan una cierta hinchazón en los ojos.

El cansancio, la pérdida del apetito, la pérdida de peso y un poco de fiebre también son otros síntomas comunes de la espondilitis anquilosante.

Como has podido comprobar, los síntomas de la espondilitis anquilosante son muy variados y pueden confundirse con otras enfermedades similares. Por lo tanto, el único que realmente puede garantizarnos un tratamiento adecuado es un médico. Una visita a tiempo puede evitar muchos de los síntomas que se han mencionado en este artículo.

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